El rugby es inspirador. Quien no conoce este deporte pensará que los protagonistas del partido son quienes consiguen el ensayo. Sin embargo, basta con observar unos segundos la celebración para entender que la realidad es otra. En cuanto el balón toca el suelo, todo el equipo corre a abrazar a quien ha marcado. No celebra un jugador; el equipo entero celebra el esfuerzo compartido que ha hecho posible ese momento.

Porque un ensayo nunca empieza en la línea de marca. Empieza mucho antes: en el sacrificio de quien recupera un balón, en el compañero que protege al equipo, en quien abre el espacio, en el pase preciso, en la confianza de saber que cada uno cumple su papel. El ensayo lleva el nombre de quien lo culmina, pero pertenece a todos.

En Fundación Espurna ocurre exactamente lo mismo.

Cada actividad, cada excursión y cada pequeño logro es fruto del compromiso que nuestros profesionales ponen cada día sobre la mesa. Así como su dedicación y su vocación para que nuestros chicos y chicas obtengan su mejor versión.

Así como nuestros voluntarios y voluntarias que, de forma generosa y desinteresada, deciden regalar lo más valioso que tienen: su tiempo.

Nuestros voluntarios creen en las personas, porque quieren construir una sociedad más inclusiva y porque han descubierto que acompañar también transforma a quien acompaña.

Son quienes celebran los pequeños avances como si fueran grandes victorias. Escuchan, comparten y convierten cada actividad en una experiencia que deja huella. Muchas veces su labor pasa desapercibida, pero su impacto permanece en el tiempo.

Cada uno de estas personas aporta algo diferente, pero igualmente imprescindible. Hay quien organiza, quien escucha, quien planifica, quien acompaña, quien anima, quien resuelve imprevistos casi sin que nadie lo note. Son gestos que muchas veces pasan desapercibidos, pero que sostienen todo lo demás.

Y al final, quienes realmente ganan son nuestros chicos y chicas

Ellos viven experiencias que dejan huella, encuentran espacios donde sentirse escuchados, aceptados y capaces. Crean vínculos, descubren nuevas oportunidades y comparten momentos que, en muchas ocasiones, permanecen en su memoria mucho después de que la actividad haya terminado.

Nada de eso sucede por casualidad. Sucede porque detrás hay un equipo que cree en una misma misión, acompañar, y que entiende que cada persona, desde su lugar, tiene un papel fundamental.

Quizá esa sea una de las mayores enseñanzas que nos regala el rugby: los logros más importantes nunca pertenecen a una sola persona. Son el resultado de muchas manos, muchas miradas y muchos corazones caminando en la misma dirección.

Porque en Fundación Espurna, como en el rugby, cuando uno ensaya, celebramos todos

El rugby nos enseña una cosa muy importante.

Si no conoces el rugby crees que el protagonista es el jugador que hace un ensayo.

Un ensayo es una forma de conseguir puntos en rugby.

Cuando un jugador hace un ensayo, todo el equipo lo celebra.

Esto ocurre porque el ensayo no es solo de un jugador.

El ensayo es el resultado del trabajo de todo el equipo.

Antes del ensayo, un jugador recupera el balón.

Otro jugador ayuda a proteger al equipo.

Otro jugador avanza.

Otro jugador hace un pase importante.

Cada jugador confía en que todos cumplan su función.

Por eso, el ensayo es de todo el equipo.

En la Fundación Espurna pasa lo mismo.

Cada actividad y cada excursión son posibles gracias al trabajo de muchas personas.

Los trabajadores de Espurna trabajan cada día con esfuerzo e ilusión.

Los trabajadores de Espurna apoyan a cada persona para que desarrolle sus capacidades.

Los voluntarios también son muy importantes.

Los voluntarios dedican su tiempo.

Los voluntarios quieren ayudar a construir una sociedad donde todos se sientan incluidos.

Los voluntarios acompañan a las personas.

Acompañar les hace sentirse bien.

Las personas voluntarias celebran mucho cada pequeño avance.

Las personas voluntarias escuchan y acompañan.

Hacen que cada actividad sea especial.

Muchas veces su trabajo no se ve.

Pero su trabajo deja muchos recuerdos.

Cada voluntario aporta algo diferente.

Unas organizan las actividades.

Otras escuchan.

Otras planifican.

Otras acompañan.

Otras animan.

Y otras resuelven los problemas que aparecen.

Todas estas tareas son necesarias.

Gracias a este trabajo, nuestros chicos y chicas viven experiencias muy importantes.

Se sienten escuchados.

Se sienten aceptados.

Ganan confianza en sí mismos.

Hacen nuevas amistades.

Aprenden cosas nuevas.

Y guardan buenos recuerdos.

Esto pasa porque muchas personas trabajan juntas.

Todas quieren lo mismo.

Lo que quieren es acompañar y apoyar a las personas.

El rugby nos recuerda algo muy importante.

Las cosas se consiguen cuando muchas personas trabajan unidas.

En Fundación Espurna creemos en el trabajo en equipo.

Porque cuando una persona consigue algo, lo celebramos todos.