Podría parecer una pregunta fácil de responder: con ansias, ilusión por cada encuentro, esperanza por ganar y por volver a tener otra copa en casa… pues es lo que se espera de cualquier persona amante del fútbol; solo que en Espurna a veces las cosas no surgen desde la normalidad. Y esto no quiere decir que sea menos; al contrario. Aquí, las tareas cotidianas de preparación se elevan a un

nivel mucho más alto.

Este debería ser un artículo que refleje cómo viven el Mundial las personas usuarias. Cómo recorren los pasillos preguntando a qué hora son los partidos, cómo se apresuran a terminar sus tareas para disfrutar del encuentro desde el sofá o cómo imploran poder ir a otra vivienda para compartir el partido con las compañeras y compañeros que tanto esperan ver. Podría parecer lo ordinario, pero la verdad es que en Espurna ocurre “magia”.

Y esa magia también nace porque muchas de las personas usuarias no solo disfrutan viendo el fútbol, sino que también lo practican. A través del fútbol adaptado encuentran un espacio para competir, superarse, compartir y sentirse parte de un equipo. Conocen la emoción de un gol, la importancia de un pase, el esfuerzo de un entrenamiento y la satisfacción de celebrar una victoria.

Porque el balón no entiende de etiquetas; solo entiende de pasión, disciplina y corazón.

Pero la verdad es que detrás de cada usuaria/o hay un una monitora que convierte una actividad cotidiana en una experiencia extraordinaria. Está el esfuerzo por conseguir que todos/as estén bien peinados, que vayan preparados/as para presenciar una final, que los bocadillos lleven exactamente aquello que más le gusta a cada uno: una loncha de queso para unos, una buena ración de picante para otros. También están los nervios para que, en medio de una plaza llena de cientos de personas, puedan disfrutar plenamente de sus derechos, participar como cualquier ciudadano y vivir el Mundial en igualdad de condiciones. Claro que también existen las preocupaciones propias del acompañamiento: que nadie se pierda, que todos estén seguros y que nada afecte a una situación de mayor vulnerabilidad.

Pero, sobre todo, detrás de cada uno de esos momentos hay un equipo humano.

Coordinadores y E D U C A D O R E S que hacen posible que cada detalle cobre sentido. Hay días más difíciles que otros, jornadas largas y momentos de cansancio, pero siempre aparece una sonrisa para que cada una de las personas a las que acompañan pueda disfrutar de ese pequeño instante de felicidad que, durante un Mundial, une a todo un país, y es entonces cuando ocurre lo verdaderamente importante. Ellos/as lo disfrutan más que nadie… emociones sin juicios, sin filtros y completamente auténticas; tan solo basta escuchar un «¡Vamos, España!» o un grito de celebración tras un gol para comprender que la emoción es contagiosa.

No porque se consiga otra estrella en el escudo, sino porque las verdaderas estrellas ya están en Espurna, son las personas usuarias quienes recuerdan cada día el verdadero significado del deporte: compartir, emocionarse, celebrar y sentirse parte de algo. El verdadero trofeo no se levanta en el campo; se entrega en la vida cuando un balón se convierte en el motor del cambio para alguien más.

Y, por supuesto, no faltan las risas, las discusiones entre quienes apoyan a selecciones diferentes, las bromas desde el cuidado, los saltos de emoción con cada gol y las apuestas que, en alguna que otra ocasión, terminan con alguien dándose un chapuzón en la piscina de Espurna.

Porque el Mundial en Espurna no se mide únicamente por el resultado de un partido. Se mide por las sonrisas compartidas, por los abrazos después de un gol, por el compañerismo, por la inclusión y por demostrar que el deporte es capaz de unir a todas las personas. Como recuerda otra de las grandes lecciones del fútbol adaptado, la discapacidad intelectual solo cambia el ritmo del juego, jamás las ganas de jugar.

También están atentos para que nadie se quede atrás, para resolver cualquier imprevisto y para que todas las personas puedan participar y disfrutar. Muchas veces su trabajo no se ve, pero gracias a ellos cada actividad se convierte en un recuerdo especial.

Y cuando llega un gol, todo cambia. Aparecen los abrazos, las risas, los aplausos y los gritos de alegría. También hay bromas entre quienes animan a selecciones diferentes y momentos divertidos que todos recuerdan con cariño. Lo importante no es solo el resultado del partido, sino la emoción de vivirlo juntos.

En Espurna sabemos que el verdadero triunfo no siempre es levantar una copa. El mayor triunfo es compartir momentos, sentirse parte del grupo, hacer nuevos amigos y disfrutar de experiencias que dejan huella.

Porque el Mundial en Espurna no se mide solo por los goles o por las victorias. Se mide por las sonrisas compartidas, por el compañerismo, por la inclusión y por demostrar que el deporte tiene el poder de unir a las personas. Ese es, sin duda, el trofeo más importante.